Fernando Vázquez Rigada.
El gran reto de Morena, como organización partidaria, será mantener su unidad.
Lo que comenzó siendo un movimiento social gigantesco se ha convertido
en un partido burocrático, abusivo y gelatinoso.
O, para recordar la máxima del general revolucionario y decirlo en sus
palabras, “esta revolución ya degeneró en gobierno”.
Las diversas facciones amagan, del más humilde municipio a la máxima
cúspide del poder, con enfrentarse en una cruenta guerra civil.
Ante la ausencia de una oposición partidista organizada, el reto de
Morena es sobrevivir a su poder.
Su arrollador triunfo el año pasado ha llevado a pensar en sus
militantes en dos mitos: que son invencibles y que son eternos.
Nada como la frase de Adán Augusto López, sumo sacerdote pese a haber
ocupado el bochornoso último lugar en la guerrilla de corcholatas:
Morena gobernará 50 años. Medio siglo, faltaba más.
Pero esas (falsas) certezas los han llevado al pecado político mortal
de la soberbia. El abuso de poder es cada vez más patente.
También, la
corrupción grosera, burda y hasta gandalla.
Basten dos botones grotescos, que se suman a las miles de chaquiras
cotidianas y nacionales: casi 15 mil millones de pesos de desvíos en
Segalmex y otros 13 mil en Birmex. 28 mil millones para dos fraudes,
es, simplemente, mucho dinero.
Pero, peor es de dónde se desviaron:
alimentos y medicinas, en un país repleto de hambrientos y enfermos.
Así el nivel moral de los involucrados y de sus protectores.
En la borrachera de poder que viven, y ante la certeza de que su poder
ya no tiene límites de ningún tipo, la confusión entre lo legal y lo
ilegal los consume.
Todo se vale: mentir, robar, matar, traicionar.
Morena ha olvidado que, en política, se barre para adentro. Los
escándalos que los rodean son cada vez mayores, cotidianos, provocados
por las denuncias de sus propios correligionarios.
En ese mareo no se respetan investiduras ni rangos. No se reconoce a
un árbitro y menos a un líder activo. Lo más que compra el escándalo
es la impunidad, como se ha visto con los casos lamentables del
exgobernador de Morelos y el senador Salgado Macedonio, acusados de
violación, en un país cuyas mujeres son víctimas, todos días, a toda
hora. La absolución de Cuauhtémoc Blanco es nauseabunda y muestra el
grado de impunidad que existe.
El líder del Senado acusa de corrupción al de los diputados. Los
gobernadores en funciones acusan a sus antecesores de ser cabezas del
narco. El Presidente de los senadores saluda pomposo a su camarada el
¿gobernador? De Sinaloa: Rubén Rocha Moya.
Poco después, se va en
Business Class a Europa, porque no se trata de maltratarse: para eso
hizo justicia la revolución.
Otros, reparten carpetas de investigación contra quienes les
antecedieron, liberando la peste insoportable de la corrupción. Unos a
otros filtran fotos con criminales: en desayunos, convivios o fiestas
de reyes magos.
La alcaldesa de Chilpancingo es exhibida en desayuno
con un capo, la expulsan del partido y esta semana la reintegran. Todo
el morenismo le da bienvenida con alfombra roja, heraldos y bufones a
los Yunes: lo peor de la política nacional.
La arrogancia llega al grado de que se comete la falta de respeto de
ignorar a la Jefa del Estado mexicano. “Fue por la emoción de estar en
el corazón de la patria” dice, zalamero, el jefe de dinastía que
quiere hacer de Zacatecas una nueva hacienda porfirista.
No lo aceptarán, pero en esas estampas se inocula el virus de su destrucción.
No lo aceptarán, pero es posible que muchos de estos conflictos sean
inducidos por el líder que, agazapado, olfatea, presiente, que algo
superior a él está moviendo el subsuelo político de la República.
No lo aceptarán, pero sus excesos están conduciendo al partido a su fractura.
La presidenta necesita un Reyes Heroles: un político que conozca los
resortes de poder para reconducir la gobernación.
Requiere retomar el control del partido y, con ambas pinzas, comenzar
a desmontar la telaraña de intereses que le dejaron. Hay que controlar
la maquinaria del Congreso y bloques de gobernadores y alcaldes.
El peso de su operador en el área de Seguridad es importantísimo, pero
insuficiente.
La descomposición interna de los grupos, mientras tanto, continúa. No
pasará inadvertida. No lo hará porque, cuando la veleidosa fortuna
—alertaba Maquiavelo— reúna a las corrientes que se confrontan por
todas partes, todo se vendrá abajo.
La fortuna: la indomable reina de la política.
@fvazquezrig
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