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Director General de Gobierno Carlos Martínez Amador se la pasa más en Huauchinango que en sus oficinas

 


Huauchinango primero, Gobierno después


 ANGELOPÓLIS.

 Por Sergio Cue.

 En la política poblana cada vez son más frecuentes los casos de funcionarios que utilizan los cargos públicos como trampolín para sus aspiraciones electorales. 

Uno de los ejemplos más evidentes es el del Director General de Gobierno del estado, Carlos Martínez Amador, quien parece haber cambiado las responsabilidades de su oficina por una intensa precampaña permanente en Huauchinango.

 Diversos actores políticos, líderes sociales y representantes de grupos que buscan la intervención de la Dirección General de Gobierno para atender conflictos y problemas de gobernabilidad se han encontrado con la misma respuesta: el funcionario no está. Sus asistentes aseguran que se encuentra atendiendo asuntos oficiales o resolviendo conflictos en distintas regiones, pero la realidad parece ser muy distinta. La mayor parte del tiempo,


 Martínez Amador es visto recorriendo calles, colonias y juntas auxiliares de Huauchinango, donde mantiene una intensa actividad política con la mirada puesta en la presidencia municipal. Entrevistas, reuniones, visitas y apariciones públicas forman parte de una estrategia evidente para posicionar nuevamente su imagen ante el electorado. 

 El problema no es que aspire a gobernar nuevamente su municipio. En democracia todos tienen derecho a participar políticamente. El cuestionamiento surge cuando las responsabilidades de un cargo estatal quedan relegadas a segundo plano mientras las aspiraciones personales ocupan el primer lugar en la agenda. Quienes han intentado encontrar una solución a conflictos políticos o sociales desde la Dirección General de Gobierno aseguran que la ausencia del funcionario es constante.

 La dependencia requiere atención permanente, capacidad de diálogo y operación política diaria, especialmente en un estado tan complejo como Puebla. Sin embargo, pareciera que la prioridad se encuentra a cientos de kilómetros de la oficina gubernamental. Martínez Amador tampoco llega libre de cuestionamientos a esta nueva etapa de promoción política. 

Durante su administración municipal en Huauchinango, diversos sectores, particularmente comerciantes, denunciaron un trato distante y decisiones que generaron inconformidad. Esa imagen negativa todavía persiste entre algunos grupos que recuerdan una gestión caracterizada por conflictos y desencuentros. 

 Mientras tanto, en cada entrevista y evento público, el funcionario aprovecha para destacar obras realizadas durante su paso por la alcaldía, en una narrativa que tiene más aroma de campaña que de ejercicio gubernamental.

 La pregunta es inevitable: ¿quién está atendiendo realmente los asuntos de gobernabilidad del estado mientras el Director General de Gobierno dedica gran parte de su tiempo a construir una candidatura?

 Porque si la oficina está vacía y los conflictos siguen esperando solución, los ciudadanos tienen derecho a exigir respuestas. 

 En política, las aspiraciones son legítimas. Lo que no resulta legítimo es utilizar un cargo público para promover un proyecto personal mientras se descuidan las responsabilidades para las que se recibe un salario pagado por los poblanos.

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