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El regreso de Rocha Moya: una grieta que sacude a Morena





FUENTE DE PODER


  Por. Merlín.


 El regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa se ha convertido en un verdadero escándalo político y ha abierto una profunda grieta al interior de Morena.

 Las críticas no han tardado en dirigirse hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente por su ausencia de la conferencia mañanera, atribuida oficialmente a un cuadro de gripe, ocurrida apenas unas horas antes de que Rocha Moya anunciara su retorno al cargo.

 En los corrillos políticos comenzó a circular una versión que, de confirmarse, tendría profundas implicaciones para el gobierno federal: que la decisión de permitir el regreso del gobernador sinaloense no habría surgido directamente de la presidenta Sheinbaum, sino que habría sido impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.


 La polémica aumentó cuando desde la Secretaría de Gobernación federal habría trascendido un posicionamiento en el que se deslinda al Gobierno de México de la decisión, señalando que el retorno habría sido una determinación personal y que no contaría con el aval del Gobierno Federal.
La señal política fue todavía más fuerte con las críticas provenientes de distintos sectores de Morena, incluidos integrantes de su dirigencia nacional, senadores, diputados federales y gobernadores emanados del partido.


 El coordinador de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, calificó el escenario como un “cisma político”, una expresión que refleja la dimensión de la crisis que comienza a hacerse evidente dentro del movimiento oficialista.

 Desde la oposición, el episodio fue aprovechado para cuestionar la conducción política del país y señalar que, detrás de las decisiones del actual gobierno, podría mantenerse la influencia del expresidente López Obrador.

 Y aquí aparece una de las mayores contradicciones de este episodio. Hace apenas unas semanas, varios gobernadores de Morena habían expresado públicamente su respaldo a Rocha Moya. Hoy, algunos de esos mismos actores políticos aparecen tomando distancia de su regreso. ¿Qué cambió en tan poco tiempo?

 La pregunta resulta inevitable y coloca a Morena ante una disyuntiva política de fondo: ¿se trata de una decisión institucional del actual gobierno federal o de una decisión política que responde a intereses y acuerdos que vienen de otra etapa? 

Más allá de las declaraciones públicas, el episodio deja una imagen complicada para Morena. Un partido que llegó al poder bajo la bandera de la unidad y la transformación hoy enfrenta una disputa interna que amenaza con convertirse en un problema político de mayores dimensiones

. El caso Rocha Moya no solamente pone bajo la lupa al gobernador de Sinaloa. También abre una interrogante mucho más grande: ¿quién está tomando las decisiones dentro de Morena y hasta dónde llega la influencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador en el actual gobierno?

 Por ahora, las respuestas se encuentran en los pasillos del poder y en los corrillos políticos.

 Pero una cosa parece evidente: el regreso de Rocha Moya no cerró una crisis; por el contrario, podría haber abierto una de las mayores fracturas políticas al interior de Morena. Y cuando un partido comienza a contradecirse públicamente, las grietas que primero aparecen en los discursos pueden terminar convirtiéndose en fracturas de poder.

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