En Puebla quedó claro que cuando se trata de recibir a la presidenta Claudia Sheinbaum, la maquinaria política de Morena todavía sabe cómo echar a andar los motores.
Y vaya que los echaron a andar.
Para el evento presidencial se movilizaron miles de personas provenientes de distintos municipios. Autobuses fueron y vinieron durante horas para concentrar a ciudadanos, beneficiarios de programas sociales y trabajadores de distintas áreas gubernamentales.
Las versiones que circularon alrededor del evento hablan de más de 10 mil personas movilizadas, en una operación que involucró a estructuras políticas, autoridades municipales y operadores territoriales.
Y ahí está el detalle.
Porque durante años el discurso de Morena fue precisamente el de acabar con las viejas prácticas de la política tradicional, aquellas donde los camiones, las tortas y las concentraciones multitudinarias eran parte del paisaje priista y panista.
Ahora, curiosamente, la postal comienza a parecerse demasiado.
La diferencia es el color de la camiseta.
Pero mientras unos se ocupaban de llenar el lugar, Claudia Sheinbaum llegó a Puebla con otro objetivo: hablar de los resultados de su gobierno y anunciar nuevas inversiones.
Y entonces vino el momento que seguramente no estaba en el libreto de todos.
La presidenta habló de la importante inversión federal para la ampliación de la autopista México-Tuxpan, en el tramo Tulancingo-Nuevo Necaxa, una obra estratégica para la comunicación con la Sierra Norte.
La cifra tampoco es menor: alrededor de 3 mil 500 millones de pesos.
Y aquí fue donde algunos poblanos seguramente dijeron:
¡Sopas!
Porque el anuncio presidencial terminó dejando una pregunta bastante incómoda en el aire:
¿Y el gobernador Alejandro Armenta no sabía?
Porque si la presidenta de México llega a Puebla y desde el escenario anuncia una inversión multimillonaria para una obra que impactará directamente al estado, pero el gobernador parece enterarse prácticamente al mismo tiempo que los asistentes, algo no cuadra.
Y eso resulta todavía más curioso cuando desde el gobierno estatal se ha insistido una y otra vez en la excelente relación y coordinación que existe con la presidenta.
Muy buena relación, sí.
Pero parece que para las obras importantes todavía falta mejorar el WhatsApp.
Porque una cosa es tomarse la fotografía junto a la presidenta, acompañarla en los eventos y presumir la cercanía política.
Y otra muy distinta es conocer de primera mano los proyectos que el Gobierno federal pretende realizar en territorio poblano.
Ahí está el verdadero mensaje político.
Claudia Sheinbaum no solamente vino a Puebla a recibir aplausos.
También llegó con anuncios, cifras y proyectos bajo el brazo.
Y uno de ellos, de miles de millones de pesos, prácticamente se anunció frente a todos.
Así que mientras la estructura morenista hacía su trabajo para llenar el evento, la presidenta hacía el suyo para recordar quién tiene la chequera federal y quién decide las grandes inversiones.
Y eso, en política, pesa.
Porque si algo quedó claro en esta visita es que los camiones pueden llenar una plaza, pero los miles de millones de pesos llenan los titulares.
Y ahí, curiosamente, el protagonista no fue el gobernador.
Fue Claudia Sheinbaum.
Armenta tendrá que acostumbrarse a que la política federal tiene sus propios tiempos y que, cuando se trata de anunciar inversiones de gran calado, Palacio Nacional puede llevarse los reflectores sin pedir permiso.
Mientras tanto, en los corrillos políticos poblanos seguramente seguirá la misma pregunta:
¿Cómo es posible que la presidenta llegue a Puebla a anunciar una inversión de 3 mil 500 millones de pesos y el gobernador parezca enterarse junto con todos los demás?
Porque una cosa es no saber qué camión trae a quién.
Y otra muy diferente...
no saber qué obra viene para Puebla.
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