En la noche del 28 al 29 de agosto, una facción del ejército nigerino que se autodenominó Fuerzas Armadas para la Restauración de la Patria intentó derrocar al general Abdourahamane Tiani. Hubo disparos y explosiones junto al aeropuerto Diori Hamani (Base Aérea 101), el palacio presidencial y la sede de la televisión estatal. El 29 por la tarde la televisión volvió al aire: el ministro de Defensa, Salifou Modi, dijo que la situación estaba “bajo control”. El golpe había durado un día. Fracasó.
Los amotinados eran, según fuentes militares y analistas, oficiales jóvenes y soldados de primera línea hartos de las bajas frente a yihadistas, del mal equipo y de una junta que en 2023 justificó su propio golpe —el que destituyó a Mohamed Bazoum— prometiendo seguridad que no llegó. No intentaron liberar a Bazoum, aún bajo arresto. El 31 de agosto Níger enterró a tres miembros de la Guardia Presidencial. Decenas de soldados fueron detenidos o muertos; la televisión mostró a jóvenes uniformados desfilando como prisioneros.
La junta pidió ayuda al Africa Corps ruso, heredero del grupo Wagner bajo control del Kremlin. Tres fuentes descritas por Reuters coinciden en que los rusos intervinieron en tierra y con drones kamikaze sobre la base aérea. El Ministerio de Exteriores ruso lo reconoció: el ataque fue rechazado “con asistencia” de Africa Corps. El 30 de agosto Argelia envió cuatro Su-30 a Niamey, presentados como “apoyo estratégico”.
Tiani, que mandaba la Guardia Presidencial antes de 2023, se sostiene ahora con esa misma guardia y con Moscú. El Sahel lleva años en un bucle: golpes que prometen acabar con el yihadismo, insurgencia que no cesa, tropa que se cansa, nuevo conato. Malí, Burkina Faso y Níger formaron un eje que dio la espalda a Francia y a Estados Unidos. El motín de Niamey enseña el coste: cuando el enemigo ya no es solo el yihadista del campo, sino el teniente de la base de al lado, el relato de “salvadores de la patria” se agrieta.
Níger ha sufrido seis golpes desde 1960. Este no cambió el poder. Sí dejó una foto incómoda: una junta que necesita drones rusos para no caer a manos de sus propios reclutas.
Publicar un comentario