La crisis en Medio Oriente comienza a trasladarse a las cadenas de producción y distribución de alimentos; el café está entre los productos afectados por el aumento de combustibles y transporte.
La guerra entre Estados Unidos e Irán continúa generando efectos más allá de Medio Oriente y comienza a impactar diferentes sectores de la economía mundial.
Entre los productos que enfrentan mayores presiones de costos se encuentra el café, cuyo precio puede verse afectado por el encarecimiento de la energía, los fertilizantes y el transporte internacional.
Aunque el café no utiliza directamente el estrecho de Ormuz como ruta principal para llegar a los mercados internacionales, la importancia de esta vía para el comercio energético mundial hace que cualquier interrupción tenga repercusiones sobre prácticamente toda la cadena logística.
La Organización Internacional del Café (OIC) ha señalado que el cierre del estrecho de Ormuz provocó fuertes incrementos en los precios del petróleo y en los costos del transporte marítimo. En abril de 2026, la organización reportó que el crudo había aumentado 55.8 por ciento y los costos de flete marítimo 43.6 por ciento en el contexto de la crisis.
El mecanismo es relativamente directo: un incremento en el precio del petróleo eleva el costo del diésel y otros combustibles utilizados por barcos, camiones y maquinaria agrícola.
Al mismo tiempo, aumentan los gastos de seguros y las tarifas que deben pagar las empresas para transportar mercancías en zonas consideradas de mayor riesgo.
Para los productores de café, otro factor importante son los fertilizantes.
Su fabricación y distribución dependen de energía y transporte, por lo que un encarecimiento de estos insumos puede aumentar los costos de producción desde las plantaciones hasta las plantas procesadoras.
A ello se suma la presión sobre las rutas marítimas. Las compañías navieras pueden modificar recorridos para evitar zonas de conflicto, incrementando distancias, tiempos de traslado, consumo de combustible y costos de aseguramiento.
La situación ocurre mientras el mercado internacional del café continúa registrando movimientos importantes. La OIC mantiene el Precio Indicativo Compuesto (I-CIP) como uno de los principales referentes mundiales para seguir la evolución del valor del grano y publica sus cotizaciones diariamente.
Los datos disponibles muestran que el impacto de la guerra no significa necesariamente que el precio internacional del café suba todos los días.
El mercado también responde a factores como las cosechas, las exportaciones, los inventarios, el clima, la demanda y los movimientos de las monedas.
De hecho, las exportaciones mundiales de café alcanzaron 12.23 millones de sacos en julio de 2026, frente a 11.84 millones en el mismo mes del año anterior, de acuerdo con la OIC.
Sin embargo, la permanencia de los problemas energéticos y logísticos puede mantener elevada la presión sobre los costos.
El petróleo Brent llegó a superar los 105 dólares por barril durante la jornada del lunes, aunque el martes retrocedió ante señales de recuperación de algunas exportaciones de crudo de Medio Oriente. Pese a la baja diaria, el Brent acumulaba una ganancia mensual cercana al 13 por ciento, reflejo de la fuerte volatilidad provocada por el conflicto.
Para los consumidores, el efecto puede aparecer gradualmente. Un incremento de los costos de producción, procesamiento, transporte y distribución puede terminar trasladándose a los precios del café tostado, molido y soluble.
La presión no necesariamente se refleja de inmediato en el precio de una taza de café. Entre el precio internacional del grano y lo que paga el consumidor existen otros factores, como el tipo de cambio, los costos de importación, el procesamiento, los empaques, la distribución y los márgenes comerciales.
No obstante, mientras continúen las restricciones en las rutas energéticas y persista la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, el mercado mundial seguirá enfrentando mayores costos logísticos.
Así, la guerra entre Estados Unidos e Irán no solo representa un problema geopolítico: sus efectos alcanzan las cadenas de suministro internacionales y pueden terminar llegando a productos
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