El nuevo telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA avanza en su proceso de preparación para estudiar algunos de los mayores enigmas del universo, después de que la agencia estadounidense confirmara la activación de sus principales instrumentos durante su viaje hacia la región del espacio donde realizará su misión científica.
El observatorio despegó el pasado 30 de agosto desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX. Su destino se encuentra aproximadamente a un millón de millas de la Tierra, en las inmediaciones del segundo punto de Lagrange, conocido como L2.
A mediados de septiembre, la NASA informó que el instrumento principal de Roman, conocido como Wide Field Instrument, fue activado con éxito. Se trata de una cámara infrarroja de 300 megapíxeles diseñada para observar enormes extensiones del cielo con una resolución comparable a la de los grandes telescopios espaciales actuales.
La misión también cuenta con un coronógrafo que ya comenzó sus primeras pruebas. Este instrumento tiene como objetivo bloquear la intensa luz de determinadas estrellas para facilitar la detección directa de planetas que orbitan alrededor de ellas.
El procedimiento todavía se encuentra en una etapa inicial. Antes de comenzar sus observaciones científicas de manera plena, los equipos de la NASA deberán completar durante los próximos meses diferentes calibraciones, pruebas y ajustes de los instrumentos.
Roman fue diseñado para estudiar grandes regiones del universo y aportar información sobre fenómenos como la materia oscura y la energía oscura, además de investigar galaxias, estrellas y planetas fuera del Sistema Solar. Su cámara de amplio campo permitirá obtener imágenes de zonas del cielo mucho mayores que las que pueden abarcar otros observatorios espaciales en una sola toma.
Uno de los objetivos centrales será ayudar a los científicos a comprender mejor por qué el universo continúa expandiéndose a un ritmo acelerado. Para ello, Roman realizará grandes estudios cosmológicos que permitirán comparar la distribución de galaxias y otros objetos a través del espacio y el tiempo.
La misión también tendrá una importante participación en la búsqueda y estudio de exoplanetas. A través de diferentes técnicas, los investigadores esperan ampliar el conocimiento sobre la cantidad y características de los mundos existentes fuera de nuestro sistema planetario.
Otro dato que ha llamado la atención es que las primeras estimaciones de la NASA apuntan a que Roman podría disponer de combustible suficiente para permanecer en operaciones científicas durante al menos 22 años, más del doble de la duración inicialmente contemplada para su misión. Esta posibilidad se debe, entre otros factores, a la precisión alcanzada durante sus maniobras iniciales y al ahorro de combustible conseguido durante el trayecto.
La NASA prevé que las primeras imágenes científicas de Roman sean publicadas después de completar la etapa de despliegue, calibración y pruebas, prevista para los primeros meses posteriores al lanzamiento.
Con Roman, la astronomía entra así en una nueva etapa de observación a gran escala, en la que el objetivo no será únicamente obtener imágenes de objetos individuales, sino construir mapas amplios del universo que permitan estudiar cómo evolucionó y cuáles son los fenómenos que continúan desafiando las explicaciones científicas actuales.
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