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El tío Lolo de Xicotepec: Carlos Barragán alborotó a su gente y después los dejó colgados



EN LA LÍNEA. Por Carlos Torres.

Sierra Norte de Puebla Vaya papel el que terminó protagonizando el alcalde de Xicotepec, Carlos Barragán Amador, quien, de acuerdo con versiones que circulan entre sus simpatizantes, primero habría alentado a sus seguidores y a trabajadores del Ayuntamiento a renunciar a su militancia en Morena y después terminó marcando distancia de la protesta que algunos pretendían realizar durante la próxima gira de la presidenta Claudia Sheinbaum por la región. 


 La visita presidencial tiene como objetivo evaluar los avances en la reconstrucción de las zonas afectadas por las fuertes lluvias registradas hace un año. Sin embargo, el recorrido también se convirtió en el escenario de una inconformidad política que, según los señalamientos de algunos simpatizantes del edil, buscaba que se manifestaran  contra el gobernador Alejandro Armenta. 


 Pero algo cambió en el camino. En un video difundido en sus redes sociales, Barragán Amador manifestó que no apoyaría a quienes pretendieran realizar esa protesta. El cambio de postura no pasó inadvertido entre quienes esperaban que el presidente municipal mantuviera la actitud de confrontación que, aseguran, había mostrado previamente. En los corrillos políticos de Xicotepec comenzó a circular la versión de que una llamada de la Secretaría de Gobernación habría influido en su decisión. 

Hasta el momento, esa supuesta comunicación y su contenido tendrían que confirmarse; sin embargo, entre sus propios seguidores surgieron preguntas sobre las razones que lo llevaron a cambiar de posición. ¿Fue una decisión propia o alguien le hizo ver las posibles consecuencias políticas de llevar la inconformidad hasta la gira presidencial? 


 Lo cierto es que, para algunos de sus simpatizantes, el desenlace dejó un sabor amargo. Consideran que fueron alentados a tomar partido en un conflicto político y que, cuando llegó el momento de asumir los costos de esa postura, su dirigente prefirió deslindarse. Dicho en lenguaje de la política serrana: primero los alborotó y después los dejó colgados. 


 Pero la historia no termina ahí. Entre las versiones que circulan en el municipio también se afirma que algunos promotores habrían recibido indicaciones para negar que perciben un sueldo del alcalde y presentarse, en cambio, como colaboradores que participan únicamente por simpatía. Este señalamiento, de comprobarse, abriría interrogantes sobre la organización y el financiamiento de la estructura política que rodea al presidente municipal. 


 Y aquí aparece la pregunta que merece una respuesta clara: ¿quién paga esa estructura? Si, como sostienen versiones locales, desde hace varios meses existe una red de promotores y colaboradores que trabajan en favor del proyecto político de Barragán Amador, sería conveniente conocer cómo se financia, de dónde provienen los recursos y si existen trabajadores municipales involucrados en esas actividades durante su jornada laboral. 

 No se trata de lanzar acusaciones sin pruebas, sino de exigir transparencia en el manejo de los recursos públicos y claridad sobre cualquier estructura política que pudiera estar vinculada con el Ayuntamiento. Porque la llamada Austeridad Republicana** no debería quedarse en un discurso de campaña ni convertirse en una consigna que se invoca solamente cuando conviene. 


Si existen recursos públicos comprometidos, pagos irregulares o personal del Ayuntamiento destinado a actividades partidistas, corresponde a las autoridades competentes investigar y determinar si hay alguna responsabilidad. Mientras tanto, el alcalde enfrenta un problema político adicional: la confianza de quienes aseguran haberlo acompañado y ahora se sienten abandonados. 

 En política, las lealtades no se sostienen únicamente con discursos, reuniones o instrucciones. También requieren congruencia, explicaciones y, sobre todo, asumir las consecuencias de las decisiones tomadas. Carlos Barragán Amador tendrá que aclarar las dudas que han surgido en su entorno y explicar cómo se financia la estructura que sus propios simpatizantes le atribuyen. 

Porque si algo queda claro en este episodio es que, cuando se alborota a la tropa y después se cambia de rumbo, las preguntas no desaparecen: se multiplican. 


 Y en Xicotepec ya hay quienes quieren saber si esta historia termina con un simple cambio de postura o si todavía quedan cuentas políticas y financieras por aclarar. Porque una cosa es la simpatía política y otra muy distinta es el dinero. Y cuando se habla de recursos, la transparencia no es opcional.

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