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SE NOS VOLIVÓ A PASAR EL TREN

 

SE NOS VOLIVÓ A PASAR EL TREN

Adiós al bono demográfico

 

·        TLCAN, nearshoring y bono demográfico: tres grandes oportunidades frente a México que no hemos sabido capitalizar al máximo.

·        Más mexicanos, pero con menos hijos: de 126 a 130.9 millones de habitantes
en cinco años y fecundidad se desplomó: de 1.9 hijos en 2019 a 1.2 en 2024.

·        Mientras la población envejece, la ventana del bono demográfico se cierra y con ella una oportunidad clave para el desarrollo del país.

 

Ciudad de México a 5 de octubre de 2026.- Los grandes cambios de México terminan siempre impactando en la vida cotidiana de las familias; desde esta mirada, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) habla de las oportunidades que México ha tenido enfrente y que, por una o muchas razones, no ha logrado aprovechar ni capitalizar a su favor.

 

Veamos para atrás: no hace tanto discutíamos como nación si debíamos abrir nuestra economía al mundo y decididamente firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La decisión era complicada, pues veníamos de una economía cerrada, una economía de estado animada por la ideología del nacionalismo revolucionario; corrieron ríos de tinta y horas interminables de debate al respecto hasta que México se decidió y se subió al tren de la apertura económica. El TLCAN tuvo sus críticos, los llamados “globalifóbicos”, pero finalmente apostamos por la integración comercial con América del Norte.

 

Hoy, cuatro décadas después, resulta paradójico que quienes en aquel entonces nos invitaron y de alguna manera nos emplazaron a abrir nuestra economía al mundo, estén levantando muros arancelarios y poniendo en jaque el espíritu de libre comercio que dio origen a esta era comercial. Para todo fin práctico, en estos últimos meses hemos asistido —y no por voluntad propia, no sin resistirnos y obligándonos, haciéndonos manita de puerco— a regañadientes al entierro del T-MEC (que no otra cosa que el TLCAN número 2 que se firmó en 2020). El escenario ahora podría describirse como reza la canción: vamos “de reversa, mami, de reversa”.  

 

“Es cierto que los beneficios de aquella apertura no llegaron de la misma manera a todo el país; las ventajas se concentraron en el norte, no así en el sur, pero lo más lamentable es que México no supo capitalizar al máximo las oportunidades que ofreció el TLC. Con este acuerdo nos fue bien, pero una cosa es seguro: nos pudo haber ido muchísimo mejor”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

 

El tiempo siempre pasa la factura y es implacable. El mundo vivió una crisis sanitaria como la pandemia de COVID-19 para obligarse a replantear su aparato productivo. Así las cadenas de valor, más por miedo que otra cosa, decidieron reubicarse y regresarse fundamentalmente de Asia a América, dando paso a una nueva era económica, la del neoproteccionismo económico. El mundo de facto se achicó y en esta cara de la moneda México tuvo frente a sí otra gran oportunidad de desarrollo: el nearshoring, ya que en esta relocalización de las cadenas productivas hacia América, México ofrecía una gran ventaja: su cercanía geográfica con los Estados Unidos, una vecindad de tres mil kilómetros de frontera, pero la incertidumbre económica, la inseguridad, la violencia, la falta de certeza jurídica, entre otros factores, terminaron por ahuyentar la llegada de estas inversiones y muchas de las cadenas de mayor valor terminaron por instalarse en territorio estadounidense. Se nos volvió a pasar el tren y el nearshoring se nos fue de entre las manos.

 

El ejemplo viene a cuento porque a México se le ha vuelto a pasar otro tren. Al perder su bono demográfico, que no otra cosa que perder capital humano, la fuerza de la juventud de la sociedad mexicana la hemos virtualmente perdida al entrar a una tendencia de envejecimiento social.

 

La reciente Encuesta Intercensal 2025 del INEGI nos pone frente a noticias un tanto desalentadoras. La primera es que un tercio de la población mexicana tiene dificultades para garantizar una alimentación digna en sus hogares, padeciendo momentos de hambre; y la otra, México está despoblándose lentamente y entrando en el tobogán del envejecimiento; no obstante que pasamos de 126 millones de habitantes en 2020 a 130.9 millones en 2025, la edad mediana pasó de 29 años en 2020 a 32 años en 2025. Además, la proporción de población joven ha venido disminuyendo mientras aumenta la población adulta y adulta mayor. Y el dato que prende los focos amarillos es la fecundidad: la Tasa Global de Fecundidad cayó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024.

 

Esta realidad no la logró ni China cuando se lo planteo como política pública. En cambio, en México se nos está escapando como agua entre los dedos el principal capital con que contábamos para buscar lograr un mejor desarrollo económico, una mejor calidad de vida para los nuestros: la jovialidad del capital humano.

 

“Detrás de estas cifras hay realidades concretas: el costo de la vida, de la vivienda, los ingresos insuficientes, la precarización laboral, la inseguridad y la violencia, la incertidumbre económica, la transformación de los roles de los miembros de la familia, particularmente la inclusión de la mujer al contrato económico (más por necesidad que por gusto). Todo ello ha ido haciendo que la fecundidad se acote y se postergue, quedando fuera del proyecto de vida de muchos en las actuales generaciones”, señaló Rivera.

 

Entonces, ¿cómo pedirle a una sociedad que tenga hijos si a veces ni siquiera tiene la tranquilidad de saber cómo llegará a fin de mes? Para responder a esta pregunta hay una lección que vale la pena recuperar.

 

En México, alrededor de 7 de cada 10 personas que sostienen el pequeño comercio son mujeres: madres, hijas, esposas y jefas de familia que todos los días levantan la cortina, hacen cuentas, atienden al cliente, cuidan a los suyos y salen adelante. Son mujeres que no esperan a que las condiciones sean perfectas para construir su proyecto de vida teniendo una familia y que, para muchas de ellas, sus hijos son precisamente el principal motor de su lucha diaria.

 

Trabajo, maternidad y proyecto familiar no tienen por qué ser caminos excluyentes, no se trata de decirle a nadie cómo debe vivir, sino de construir una sociedad en la que quienes quieran formar una familia puedan hacerlo sin tener que escoger entre tener hijos o salir adelante. El canal tradicional, operado mayoritariamente por mujeres, nos recuerdan que, aun en medio de las dificultades, hay que seguir luchando por un mejor futuro.

 

En los últimos años hemos visto crecer de manera importante la presencia de mascotas en los hogares mexicanos, gatos o perros, ofrecen la oportunidad a muchos de no verse solos, de tejer sentimientos, cariño y emociones, lo que para fines prácticos resulta que las mascotas llenan el espacio de la ausencia de críos, por eso les dicen también “perrhijos”.

 

En una casa donde hay niños, hay ruido, carreras, risas, desvelos, preocupaciones y responsabilidades, quedando claro que en una casa donde no los hay, puede haber exactamente lo mismo, alegría, humor y proyectos de vida. No se trata de decir que una forma de vida vale más que la otra, se trata de que como país no podemos normalizar que el miedo que genera la incertidumbre económica sea el factor que determine la decisión de no tener hijos y no la voluntad propia porque México necesita juventud, su talento, su fuerza de trabajo, su mirada de futuro, necesita emprendedores y necesita nuevas generaciones que puedan tomar la estafeta, eso es recuperar el bono demográfico ahora extraviado. Ha quedado claro que no era eterno ni perpetuo, se nos está cerrando una ventana de oportunidad fundamental y estratégica.

 

“Desde hace tiempo a México se le sigue pasando el tren; seguimos llegando tarde a nuestras citas con la historia y desperdiciando valiosas oportunidades para crecer. Por atavismos ideológicos, por falta de visión, por desidia, negligencia o por lo que fuere, lo cierto y verdadero es que hemos dejado pasar valiosas oportunidades que pudieron transformar nuestra realidad y mejorar nuestro destino y que al final hemos terminado perdiendo en perjuicio de nosotros mismos. Esta es una mirada optimista en realidad, entendiendo el optimismo como lo que es: el pesimismo bien informado”, concluyó Rivera.

 

Todavía estamos a tiempo, México necesita dejar de llegar tarde a sus citas con las oportunidades que se le presenten, necesita políticas públicas que hagan posible trabajar y emprender y permita a las nuevas generaciones tener la posibilidad de formar una familia, de tener vivienda y acceso a una educación de calidad y vivir con seguridad.

 

Necesitamos que las nuevas generaciones no tengan que esperar a tener certidumbre económica para abordar la opción de tener hijos y formar una familia. Sin perder de vista que el tren sigue pasando, la pregunta que subyace es si llegaremos a tiempo a su próxima parada para subirnos y transportarnos a un futuro de vida digna para los treinta y siete millones de hogares de México, para todos.

 

#SeNosVolvióAPasarElTren

#FuturoDeMéxic

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