Hay regresos que, más allá de lo jurídico, tienen una fuerte carga política. El de Mario Marín Torres a Puebla es uno de ellos.
Después de permanecer más de un año en el penal federal del Altiplano por el proceso derivado de la denuncia presentada por la periodista Lydia Cacho, un juez volvió a modificar las medidas cautelares, permitiéndole continuar su proceso en prisión domiciliaria y será en los próximos las cuando regrese a Puebla
Así, el exgobernador vendrá a su residencia de Xilotzingo, donde deberá cumplir las condiciones impuestas por la autoridad judicial mientras continúa enfrentando el proceso legal.
El hecho, por sí mismo, ha generado reacciones encontradas entre quienes consideran que se trata de una decisión apegada a derecho y quienes ven en ella un mensaje de impunidad. Pero más allá del regreso físico de Marín a Puebla, lo que realmente llama la atención es que el marinismo nunca desapareció del todo. Simplemente cambió de camiseta.
Durante años se habló del fin de aquel grupo político que dominó la vida pública poblana. Sin embargo, basta revisar la integración del actual gobierno estatal para encontrar a varios personajes que hicieron carrera durante aquella administración y que hoy ocupan posiciones estratégicas bajo las siglas de Morena.
Los ejemplos son conocidos. Javier Sánchez Galicia continúa siendo uno de los operadores con mayor influencia en la comunicación política del gobierno estatal. José Luis García Parra también ocupa una posición de gran relevancia dentro de la administración.
Ambos formaron parte de una generación política vinculada al marinismo y hoy siguen formando parte del círculo del poder, ahora con un discurso distinto, pero con espacios de decisión y salarios de primer nivel.
La política mexicana suele demostrar que las ideologías pueden cambiar con facilidad cuando de conservar posiciones se trata.
Los colores partidistas van y vienen, pero las estructuras de poder encuentran la manera de mantenerse vigentes. Por eso el regreso de Mario Marín no solamente representa el retorno de un exgobernador a su domicilio.
También revive el debate sobre la permanencia de un grupo político que, lejos de extinguirse, logró adaptarse a los nuevos tiempos y encontrar acomodo en un gobierno que prometía ser distinto.
Mientras algunos celebran discretamente el pronto regreso del llamado "Góber Precioso", otros recuerdan que la alternancia no necesariamente significó una renovación de los cuadros políticos.
En muchos casos, únicamente cambió el logotipo en la oficina. Al final, la pregunta queda en el aire: ¿realmente terminó el marinismo en Puebla o simplemente aprendió a sobrevivir bajo nuevos colores? Porque, viendo los nombres que hoy ocupan posiciones privilegiadas dentro del gobierno estatal, la respuesta parece bastante evidente.
Publicar un comentario