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Alejandro Armenta y el desgaste prematuro del poder





ANGELÓPOLIS.
 Apenas transcurre la primera etapa de la administración estatal y las señales de desgaste comienzan a encender focos rojos en Casa Aguayo. El gobernador Alejandro Armenta Mier enfrenta cada vez más cuestionamientos por el rumbo de su gobierno, mientras las críticas ciudadanas se multiplican en distintos sectores de Puebla.

 La reciente medición de Massive Caller ha generado un intenso debate al colocar al mandatario poblano lejos de los primeros lugares de evaluación nacional, situación que contrasta con otros estudios demoscópicos que meses atrás lo ubicaban entre los gobernadores mejor calificados del país. Más allá de la guerra de encuestas, el dato revela una realidad política imposible de ignorar: la percepción ciudadana comienza a deteriorarse.


 Los problemas de inseguridad, el crecimiento de conflictos sociales, las demandas de diversos sectores y la sensación de que algunas decisiones se toman desde la soberbia han comenzado a impactar en la imagen gubernamental.

 En los cafés políticos y en las redes sociales es cada vez más frecuente escuchar reclamos sobre un gobierno que, según sus críticos, parece más ocupado en responder a sus adversarios que en resolver los problemas cotidianos de los poblanos.

 La soberbia es uno de los principales enemigos de cualquier administración. La historia política mexicana está llena de gobernantes que confundieron el respaldo electoral con un cheque en blanco para gobernar sin escuchar. Cuando el poder se ejerce desde la distancia, los ciudadanos terminan cobrando la factura en las encuestas y, eventualmente, en las urnas.

 El reto para Armenta no es menor. Puebla demanda resultados concretos en seguridad, desarrollo económico, infraestructura y servicios públicos. La ciudadanía quiere respuestas, no discursos. Quiere soluciones, no confrontaciones. Sin embargo, también conviene recordar que las encuestas son fotografías del momento y no sentencias definitivas. Incluso la propia firma Massive Caller ha sido objeto de debate público por la precisión de algunos de sus ejercicios demoscópicos en procesos electorales recientes, por lo que cualquier medición debe analizarse con prudencia

. Lo cierto es que el gobernador aún está a tiempo de corregir el rumbo. Escuchar más y confrontar menos podría convertirse en la estrategia necesaria para recuperar confianza. Porque en política existe una regla que nunca pierde vigencia: los gobiernos que dejan de escuchar terminan escuchando únicamente el eco de sus propios errores. Y en Puebla, ese eco comienza a sonar cada vez más fuerte.

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