La política de territorio que tanto presume Morena desde el discurso presidencial parece haberse quedado solamente en el papel. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha insistido en repetidas ocasiones que los gobernadores deben salir de sus oficinas, recorrer comunidades y escuchar de frente a la ciudadanía, pero muchos mandatarios estatales simplemente hacen oídos sordos.
Hoy varios gobernadores morenistas se han convertido más en funcionarios de escritorio que en líderes cercanos a la gente.
Prefieren la comodidad del aire acondicionado, las oficinas blindadas y las conferencias mañaneras locales, donde todo parece perfecto frente a las cámaras, mientras en las calles la realidad golpea diariamente a los ciudadanos con inseguridad, falta de obras, servicios deficientes y una creciente molestia social.
La nueva moda de algunos mandatarios es inventar espacios de comunicación “directa” con la ciudadanía a través de transmisiones digitales, programas semanales y ruedas de prensa cuidadosamente controladas. Según ellos, con eso cumplen su responsabilidad de mantenerse cercanos al pueblo, pero la realidad es completamente distinta.
Nada sustituye caminar las comunidades, escuchar reclamos cara a cara y conocer las necesidades reales de municipios olvidados.
Los resultados están a la vista. En varios estados gobernados por Morena los problemas crecen y las respuestas gubernamentales son cada vez más lentas e ineficientes. Hay carreteras abandonadas, hospitales sin medicinas, conflictos sociales sin atender y regiones enteras que solamente reciben visitas oficiales cuando hay elecciones cerca.
Y cuando finalmente algunos gobernadores deciden salir de sus oficinas, lo hacen desde la comodidad de un helicóptero. Llegan, aterrizan, se toman la foto, reparten discursos y regresan rápidamente a la capital estatal sin siquiera recorrer por tierra las zonas que presuntamente supervisaron. Gobernar desde el aire se ha vuelto costumbre para quienes ya perdieron el contacto con la realidad cotidiana de la población.
La contradicción es evidente: Morena nació como un movimiento que criticaba a los gobiernos alejados del pueblo, pero varios de sus gobernadores están cayendo exactamente en los mismos vicios que antes cuestionaban. Mucho discurso de transformación, pero poca presencia en territorio.
El mensaje de Claudia Sheinbaum fue claro: menos oficina y más calle. Sin embargo, varios mandatarios parecen no haber entendido que gobernar no es solamente aparecer en conferencias o redes sociales, sino ensuciarse los zapatos recorriendo comunidades, hablando con la gente y resolviendo problemas reales.
Porque mientras los gobernadores sigan administrando sus estados desde escritorios de lujo y sobrevuelen los conflictos en helicóptero, la distancia entre el poder y los ciudadanos seguirá creciendo.
La austeridad republicana terminó convertida en un discurso de ocasión para varios gobernadores de Morena que hoy viven muy lejos de la realidad cotidiana de millones de ciudadanos.
Atrás quedaron aquellas críticas contra los excesos del poder.
Ahora muchos mandatarios estatales parecen haberse acostumbrado al lujo, a la comodidad y a gobernar desde las alturas.
Los gobernadores ya no quieren viajar por carretera.
Las largas giras terrestres, el contacto directo con la gente y las visitas sorpresa a municipios prácticamente desaparecieron. Ahora la moda es trasladarse exclusivamente en helicóptero, acumulando decenas de horas de vuelo cada mes que son facturadas con millones de pesos provenientes del erario estatal.
Mientras las carreteras presentan baches, hospitales carecen de insumos y municipios reclaman más presupuesto, varios gobiernos estatales destinan cantidades millonarias al mantenimiento, renta y operación de aeronaves oficiales.
Lo más grave es que en muchos casos ni siquiera existe transparencia total sobre el verdadero costo de esos traslados aéreos.
Y no solo eso.
En varios estados el helicóptero prácticamente funciona como servicio ejecutivo para funcionarios federales que visitan la entidad.
Apenas aterrizan en el aeropuerto son recibidos con aeronaves listas para trasladarlos cómodamente a cualquier evento político o supervisión exprés.
Todo financiado, por supuesto, con dinero público. Pero el nivel de comodidad no termina ahí.
En algunos hangares cercanos a los aeropuertos más importantes también suele estar listo un Learjet para viajes largos, reuniones nacionales o giras internacionales.
Aquellos gobiernos que prometieron acabar con los privilegios terminaron adoptando las mismas prácticas que tanto criticaron en el pasado. Y hablando de viajes internacionales, sería bueno que varios gobernadores morenistas informaran con claridad cuáles han sido los beneficios reales obtenidos tras sus constantes giras al extranjero y sus supuestos convenios internacionales con otros países.
Porque las fotografías sobran: reuniones diplomáticas, recorridos turísticos disfrazados de agendas oficiales, firmas de memorándums y anuncios espectaculares de cooperación económica. Sin embargo, pocos ciudadanos conocen resultados concretos derivados de esos acuerdos.
Sería interesante saber cuántas inversiones aterrizaron realmente, cuántos empleos generaron esos convenios y qué beneficios tangibles recibió la población.
No vaya a ser que algunos viajes internacionales solamente hayan servido para pasear comitivas completas y regresar inventando convenios que jamás se traducen en desarrollo para los estados.
Morena construyó gran parte de su narrativa política prometiendo gobiernos cercanos al pueblo, austeros y diferentes.
Adivine quien es el gobernador de Morena que vuela en helicóptero y que fue visto a mediados del mes de mayo en la Ciudad de México comiendo en el restaurante ANIMA ST. del lujoso Hotel Regis en Paseo de la Reforma numero 438.
Publicar un comentario